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La ética en el cambio de era

Podemos afirmar en nuestros días que no vivimos en una era de cambios, sino en un verdadero cambio de era. A nuestro alrededor, la tecnología está impulsando un cambio vertiginoso, transformando de manera radical y sin precedentes nuestra sociedad, el modo de hacer las cosas en todos los ámbitos y llevando la disrupción a todos los modelos de negocio.
Veamos una perspectiva histórica: desde el descubrimiento del fuego hasta la invención de la rueda pasaron más de un millón de años. Luego, sólo unos pocos miles hasta la invención de la imprenta. Y después de esto, apenas un par de cientos hasta la construcción del telescopio. En los siglos que siguen a este, pasamos de la máquina de vapor a los automóviles impulsadas por gasolina y de estos al transbordador espacial. Y a partir de entonces solo los llevó dos décadas comenzar a modificar nuestro propio ADN.
Hoy en día, el progreso científico avanza a un ritmo abrumador y lo medimos en meses o semanas. Si medimos el éxito de algunas de las innovaciones tecnológicas más importantes de la historia en base a la rapidez de adopción de usuarios, podemos comparar el teléfono (75 años para llegar a 50 millones de usuarios) con alguna de las últimas novedades en ocio (Pokemon Go necesitó solo 19 días para alcanzar esa cifra). En conclusión: no podemos acostumbrarnos al actual ritmo de cambios… porque esto ¡es solo el principio!
Como profesionales de la Ingeniería en Informática, tenemos un reto. Somos conscientes de que vivimos en un contexto de oportunidad, pero también de grandes desafíos. La digitalización tiene ya un impacto positivo, que se multiplicará en el futuro. Acerca respuestas a retos sociales y ambientales y puede mejorar radicalmente la calidad de vida de las personas, la productividad de los negocios y el crecimiento de la economía. Se estima que el impacto en tener generación de riqueza y bienestar en esta revolución puede ser cuatro veces lo de las preferentes. Por el contrario, la brecha digital, el impacto en los empleos y en la educación, el uso adecuado de los datos, la seguridad y la privacidad, o la distribución de la riqueza son algunos de los retos a los que ya nos enfrentamos.
Decía la poeta inglesa Emily Dickinson que ignoramos nuestra altura hasta que nos ponemos de pie. Pero ponernos de pie nos permite, no solo comprobar nuestra talla, sino la del desafío que afrontamos. Tenemos la oportunidad de elevar no solo el crecimiento empresarial y económico, sino sobre todo nuestra calidad de vida.
Para encontrar la respuesta adecuada a los retos presentes y futuros necesitamos valores. De este modo empiezan a surgir nuevos debates éticos, como los relacionados con los avances en inteligencia artificial o en biotecnología.
Estos valores se tienen que adaptar a las nuevas realidades y evolucionar con ellas. Más allá del respeto a los derechos humanos fundamentales, existe un conjunto de principios éticos y dimensiones de trabajo que es necesario abordar para conseguir que el avance tecnológico tenga impacto positivo. Estos principios son la justicia, la atribución de responsabilidad, la transparencia, la ética y educación y la diversidad.
El objetivo es asegurar que el potencial de desarrollo inherente a la digitalización se haga realidad para beneficio de todos. Porque avanzamos hacia el futuro, pero no hacia cualquier futuro. Sólo guiándonos por los valores y la ética podremos capturar todo el potencial de la tecnología para construir una sociedad mejor, más inclusiva y más justa.
Pero este debate no solo implica a la tecnología, sino también al uso que de ella hacemos y cómo está evolucionando la humanidad en este contexto. En la sociedad de la información nuestras propias vidas son libros abiertos, pero sujetos a los que nos examinan lo hacen mediante cajas negras.
El Consejo de Colegios de Ingeniería en Informática aprobó recientemente un código ético y deontológico para la práctica de la Ingeniería Informática en España, al considerar la ética profesional como uno de los elementos esenciales para la consecución y sostenibilidad de la sociedad de la información y el conocimiento.
Este código de ética cumple varios propósitos:
- Explica a la sociedad (consumidores, clientes, etc.) que esperar de la profesión de informática.
- Expresa la "conciencia", o conjunto de valores, de la profesión informática de una manera objetiva, equilibrada y no partidista.
- Guía y justifica la toma de decisiones profesionales.
De este modo, el Consejo no sólo ordena la práctica profesional velando por la ética en la actividad profesional, sino que además impulsa el uso ético de la informática y sus incesantes innovaciones para promover el progreso de la sociedad de la información y el conocimiento y su contribución al interés general.
En definitiva, el vertiginoso ritmo de evolución y cambios hace imposible predecir lo que ocurrirá en los próximos años, pero si está en nuestras manos que al menos tengamos en cuenta tres aspectos clave expresados como deseos:
- Que la informática forme parte integral de nuestras vidas, de forma que la tecnología coexista de un modo natural que nos ayude no solo a vivir más, sino sobre todo a vivir mejor, a todos.
- Incrementar la inversión en I+D+i, para convertir a España en líder en Europa y puente con Latinoamérica. Tenemos la oportunidad de elevar el crecimiento empresarial y económico.
- Mejorar la inversión en formación, atracción y retención del talento en tecnología. Es fundamental actualizar el sistema educativo y reforzar la producción científica para mejorar las capacidades de creatividad e innovación.
Fernando Suárez Lorenzo, Presidente del CCII



