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Arrancando la máquina del talento digital en España

El último informe europeo sobre el Índice de la Economía y la Sociedad Digitales (DESI) ha sido agridulce en España. Por un lado, se consolidan tradicionales buenos resultados en materia de servicios públicos digitales, y en la apuesta de los últimos años por estar a la vanguardia en 5G.
Pero a la vez se han disparado todas las alarmas por los malos resultados en capital humano, precisamente en el sitio donde más duele y la amenaza más preocupante para un país con la segunda mayor tasa de paro de la UE, solo por detrás de Grecia.
En el DESI, en lo que se refiere a capital humano, España ocupa el puesto 17 (de 28 países de la UE) y se encuentra por debajo de la media de la UE: 48% es la media de la UE, por un 44,5% en España. Detrás de este índice hay múltiples variables, pero vamos a centrarnos en una especialmente importante: El porcentaje de especialistas en tecnologías de la información y comunicación representa en España una proporción mucho menor dentro de la población activa total, que en el conjunto de la UE. En concreto un 2,9 % en España frente a un 3,7 % en la UE. Es decir, una proporción ¡casi un tercio menor! (Lejos del 6,8% de Finlandia o el 6,6% de Suecia, aunque no tan bajo como el 1,6 % de Grecia o el 2,1% de Rumanía) Por otro lado las mujeres especialistas en TIC únicamente alcanzan el 1 % del total del empleo femenino en España , frente al 1,4 en la UE.

Fuente: DESI 2019.
La importancia de estas cifras radica en su componente estructural. Las empresas y la sociedad necesitan más especialistas digitales, ¿pero el país no es capaz de producirlos? Queremos acelerar la transformación digital y aumentar la competitividad aprovechando las innovaciones informáticas pero, ¿no tenemos especialistas para materializarlo?
Según la administración, las principales líneas de acción barajadas actualmente en este ámbito se dirigen a los ciudadanos en general: Incorporar el pensamiento computacional a la educación básica, incorporar competencias digitales en la formación profesional, potenciar las competencias digitales en diversos sectores específicos... Son medidas de alto interés, que de hecho hemos apoyado desde CCII, pero son insuficientes, sobre todo si se tiene en cuenta que, por ejemplo, la viabilidad e implementación del pensamiento computacional está por ver en el peculiar puzzle competencial en educación.
Por el contrario, no se están abordando medias estructurales en el campo la cualificación universitaria en informática que es de modo evidente un yacimiento de empleo de alta calidad personal y alto interés empresarial y social tanto a corto como a largo plazo. Más allá de la opinión, según el informe de inserción laboral de los titulados universitarios, publicado recientemente por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, la informática encabeza los estudios con mayor empleabilidad. Según el estudio el 84,6% de los estudiantes que terminaron Informática en el curso 2013-2014 estaban afiliados a la Seguridad Social en 2018, cuatro años después de terminar sus estudios.
Parece claro que potenciar la cualificación universitaria en informática debe ser una de las líneas de acción clave en la estrategia de talento digital en España.
Uno de los actuales mensajes reiterativos es aceptar la proliferación de nuevos perfiles digitales. Aunque en la mayor parte de los casos no se trata de tales, sino de meras especializaciones en ramas, actividades o tecnologías informáticas concretas. Más o menos de entidad, más o menos pasajeras. Otra cosa es el incremento de las herramientas informáticas en todos los ámbitos, y por ello la necesidad de mejorar esas competencias digitales de usuarios sectoriales.
Es llamativa la gran cantidad de actores que diserta sobre supuestos nuevos perfiles “digitales”, más o menos imaginativos, y siempre con denominaciones de lo más “cool” y a ser posible usando el último anglicismo o tendencia de moda. Y curiosamente evitando la mención literal de la “informática” o la relación con la ingeniería informática (Aunque lo cierto es que muchos de estos actores evitan mencionar la ingeniería informática no solo en esta cuestión sino por norma. No me diga que no se había dado cuenta…)
Es hora de romper con inercias perniciosas y poner en primer término el rigor y la coherencia sin prejuicios. La ingeniería informática debe ser el referente de base para dar coherencia a los nuevos perfiles digitales: Ya sea porque se trate claramente de especializaciones en áreas de la ingeniería informática (ciberseguridad, bigdata, juegos, inteligencia artificial...), o bien por la necesidad de darles coherencia relativa con aquella (DPO, CDO, CINO, CTIO…) Especialmente cuando se trate de perfiles digitales menos ingenieriles, o más de usuario o de aplicación sectorial, en la línea de lo que se ha dado en llamar economía digital (marketing digital, redes sociales, CRM…), o de cualificación no universitaria.
Los estudios de ingeniería informática están ya en el segundo lugar de las ingenierías con mayor volumen de estudiantes, solo superados por la ingeniería industrial. Los títulos de ingeniería informática impartidos en más de 100 universidades, son la principal máquina de talento digital en España. Es evidente que hay un enorme margen de mejora, pero no se dan los pasos necesarios para materializarlo.
Curiosamente hay alto interés en el ámbito universitario, en particular en las escuelas que imparten títulos de ingeniería informática, para impulsar el crecimiento y evolución de la ingeniería informática, especialmente en el sentido de flexibilizar su capacidad de especialización para dar respuesta a las demandas empresariales y sociales, que son además cambiantes con el tiempo y con la curva de madurez de las diferentes tecnologías informáticas que año tras año proporcionan nuevas oportunidades de innovación y competitividad.
Es una gran contradicción pretender que haya más vocaciones digitales sin poner a la ingeniería informática en el centro del relato, de modo que sea comprensible a nivel ciudadano, y que aporte coherencia a los vaivenes tecnológicos. Por no hablar de dar a la ingeniería informática el debido reconocimiento y regulación académica y profesional. Al menos al mismo nivel que el resto de ingenierías “clasicas”. En la era de la sociedad de la información y el conocimiento, cualquier otro camino es un tiro en el pie.
Toda estrategia de talento digital en España debe tener como cimiento su coherencia con los títulos de ingeniería informática como centro de gravedad. Mientras eso no suceda no habrá resultados estructurales.
Hace años que los profesionales de la ingeniería informática reclamamos que la informática debe convertirse en una prioridad política. Para los jóvenes, y especialmente para las mujeres, la profesión de ingeniería informática es una garantía de empleo y de promoción profesional y directiva. Pero sobre todo porque las actividades, servicios y productos informáticos son la mejor apuesta estratégica que podemos hacer como país para un futuro competitivo y sostenible.
Desde la constitución de CCII en 2010, los profesionales de la ingeniería informática hemos pedido a cada nuevo Gobierno que asuma la urgencia de ocuparse de la regulación académica y profesional de la ingeniería informática, tanto para resolver aspectos demasiado tiempo pendientes como, y sobre todo, porque sin esa base no se podrá acometer de manera exitosa el impulso y desarrollo de una estrategia de competitividad. Pues, como se hace patente día tras día, la competitividad será informática o no será.
¿Arrancaremos la máquina del talento digital en España? ¿O persistiremos en la incoherencia y los costes de oportunidad?
Tic, tac, tic, tac…



